Chiu Longina is Antropólogo. Estudios de Musicología. Artista sonoro y creador de espacios acústicos. Co-fundador y miembro del colectivo SINSALaudio de Vigo. Miembro del Centro de Creación Experimental de Cuenca. Doctorando y miembro del grupo de investigación DX7 Tracker, en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra. Co-editor del proyecto de teletipos digitales [mediateletipos.net], y el portal de Arte Sonoro en España [artesonoro.org]. Miembro de la Comunidad/Asociación de artistas digitales Alg-la [alg-a.org].

PROYECTOS:

http://www.lamalla.net/joves/actualitat/article?id=195919
Por MERITXELL MARTÍNEZ I PAUNÉ
-¿Es realmente sólo audible por los menores de 30 años? ¿Podrían crearse, a la inversa,
ultrasonidos sólo audibles por mayores de 30?

Algunas personas mayores de 30 años también lo escuchan, depende de la calidad con la que
estamos construídos los seres humanos, y me explico. La presbiacusia, (un término médico muy
poco conocido), es la pérdida de la audición gradual en la mayoría de las personas según van
envejeciendo, un trastorno común asociado al paso del tiempo (como la aparición de arrugas en la
piel). Esta pérdida es generalmente mayor para los sonidos de tono alto, para los agudos, así que
a medida que avanzamos hacia la vejez dejaremos de escuchar las frecuencias más altas
reduciendo el espectro de escucha en, aproximadamente, un 40%. La causa más común de este
problema, inherente a la naturaleza humana, tiene que ver con los cambios que se producen en el
oído interno (las células envejecen y reducen su eficiencia para procesar sonidos extremos).
Quizás sea necesario aclarar que el ser humano es capaz, por lo general, de escuchar un rango
de frecuencia que va de los 20 a los 20.000 herzios, pero después de los 25 años de edad este
rango superior se ve reducido bajando a los 16.000Hz -aprox.- así que si leemos la ficha técnica
del dispositivo “Mosquito” nos daremos cuenta de que emite un pitido discontinuo de 17.500Hz a
una presión acústica importante, y este es el motivo por el que la mayoría de los mayores de 30
años no lo escuchan y los menores si lo hacen, pero insisto, es una cuestión relativa a la salud y
calidad de consrucción de los seres humanos.
Respecto a la segunda pregunta, es evidente, después de lo que hemos visto, que no pueden
crearse ultrasonidos dirigidos exclusivamente a los adultos. Se trata de una cuestión fisiológica
asociada a la edad cronológica. Lo que si puede hacerse (y de hecho se hace) es enviar
mensajes de audio dirigidos a estos adultos como, por ejemplo, un anuncio publicitario en la radio,
un consejo de compra en un supermercado o un aviso en un aeropuerto apelando a nuestra
responsabilidad como padres. Parecen evidencias pero es importante que lo hagamos consciente
para darnos cuenta de que a través de emisiones de audio se puede condicionar nuestro
comportamiento (de esta tema hablamos cuando abordemos el tema de las tecnologías de control
social con sonido, más abajo).
-¿Es dañino para el organismo? ¿Tiene consecuencias psicológicas? ¿Reversibles?
No se conocen los efectos sobre la salud de los que lo escuchan, sobre todo porque no existen
dispositivos validados por el método científico (medicina legal) que permitan medir este tipo de
efectos secundarios. Me refiero a lo que muchos adolescentes han descrito después de ser
bombardeados con este tipo de frecuencias, esto es: dolor de cabeza, malestar general,
desasosiego, tristeza, desarme del ego u opresión en el pecho. En la medicina alopática (la
occidental, para entendernos), no existen medidores que puedan demostrar el nivel de estos
efectos sobre la salud y por lo tanto apenas ofrece herramientas que un juez pueda aceptar para
formalizar una denuncia o una sentencia en contra del dispositivo. No existen “dolorímetros”,
“tristezómetros”, “desasosiegómetros”, etc. Es por ello que es difícil medir el nivel de daño y las
consecuencias psicológicas, al menos demostrar legalmente que existen y que son dañinas, y por
lo tanto, punibles.
Estos dispositivos son en realidad sistemas modernos de tortura (con sonido), en ocasiones
mucho más efectivos que golpear o hacer sufrir de hambre, por poner un ejemplo. Logran la
desintegración psicológica en pocas horas y el gran problema, como veíamos, es que resulta
sumamente difícil de documentar, ya que estas “técnicas” no dejan marcas visibles en la superficie
carnosa del cuerpo. Su objetivo cínico es que su efecto resulte imperceptible, hace unos días leía
en algún blog de la red una frase muy adecuanda al respecto “[...] el pérfido enemigo de la libertad
no debería presentar prueba de la evidencia de la agresión legitimada”.  
-En Internet hay una página donde puede oírse y no parece tan molesto como se dice.
¿Puede llegar a ser insoportable permanecer en un espacio abierto dónde sea emitido por
altavoces? ¿Se puede neutralizar con tapones o auriculares?

No se puede comparar el sonido que podemos escuchar en internet, con nuestros cascos o
altavoces multimedia, con el que emite el dispositivo. Su altavoz (vamos a llamarle Tweeter, un
sistema especializado en emitir frecuencias altas), consigue niveles de pureza y rendimiento muy
superiores a los de un sistema hi-fi casero, sobre todo en relación a la presión acústica a la que es
emitido ese pitido molesto e inaudible, que en algunas ocasiones es bastante superior a los 80
decibelios. Para hacernos una idea de lo molesto que puede llegar a ser, sólo tenemos que
imaginarnos poniendo nuestra oreja en una caja de alarma (esas cajas de color rojo que vemos
en los bancos y edificios públicos que de vez en cuando suenan por error) o escuchar la alarma
de un coche muy cerca de él. Estos ejemplos son ciertamente exagerados, pero el dispositivo
funciona en realidad cansando el oído de los adolescentes, provocándoles un deseo de ir a otro
lugar para dejar de soportar esa “mosca cojonera” constante, ese sonido “no aparentemente
dañino” pero pesado y acuciante que induce deseos de dejar de soportarlo, así es como funciona.
Obviamente es relativamente fácil de neutralizar, con un protector de oídos sencillo, por ejemplo,
tapándose los oidos con fuerza o utilizando unos sencillos tapones de espuma o silicona, así de
sencillo, pero la problemática y cuestión de fondo es otra de las que hablaremos a continuación.
-¿Qué consecuencias sociales tiene ahuyentar a los jóvenes de determinados espacios
para prevenir conductas catalogadas de vandálicas, como el botellón o los graffitti?

El objetivo de estos aparatos es dispersar a los jóvenes de sus lugares habituales de reunión
(botellón, plazas públicas, exterior de centros comerciales, etc.), pero la cuestión de fondo, la otra
lectura, es que estos dispositivos demonizan a los adolescentes, simbolizan el malestar en el seno
de nuestra sociedad y promocionan el "miedo y el odio" a los jóvenes creando una peligrosa y
creciente brecha entre jóvenes y adultos. Shami Chakrabarti, del grupo de derechos humanos
Liberty, una de las organizaciones más activas contra este dispositivos en Gran Bretaña, ha
comentado algo que nos abre los ojos: "[...] Imagínese el clamor si se introduce un dispositivo que
cause malestar general a las personas de una raza concreta o género, en lugar de a nuestros
hijos", y esa es la cuestión a analizar. Vendidos políticamente como dispositivos para la seguridad
(excusa ideológica y teórica), en realidad lo que esconden es un deseo de ejercer control social y
dominio sobre la ciudadanía; ese es su objetivo específico, solucionar un problema que genera
malestar social cuya solución pasa, como mínimo, por el análisis del problema de fondo que
esconde, que no es otro que una falta de educación y dedicación a la juventud. Se ataca
directamente al síntoma, pero no a la etiología del problema.
Por otro lado parece que este tipo de dispositivos representan la entrada a una etapa de la
realidad social mundial en la que las agresiones al derecho a la intimidad, a la reunión, a la
asociación o a la integridad física serán comunes. Aquellas distopías románticas que veíamos en
películas o textos como “1984”, “Farenheit 451”, “Brazil”, “Blade Runner”, “Un Mundo Feliz” o
“Gattaca” son ahora incipientes realidades que afloran en una sociedad con una grado de
deshumanización e infelicidad preocupantes, una sociedad que tiene miedo de sus propios
jóvenes hasta el punto de autorizar esta tortura física y mental, una sociedad neurotizada y rígida.
Uno de los protagonistas más activos contra este dispositivo, Pierre Pétry de la asociación
“Territorios de la Memoria” (en Lieja), da en el clavo al comentar: “[...] más allá de cualquier
cuestión  técnica sobre el supuesto «no perjuicio» a la salud pública, el sistema «Mosquito» es
pura y llanamente contrario a los derechos humanos más básicos y fundamentales; simplemente
no podemos aceptarlo!”.
Otro aspecto importante a comentar, que posiblemente ayude a explicar el retraso de la
implantación de estos dispositivos en España, es la relación cultural que existe en los países
latinos entre dos generaciones, padres e hijos. En nuestra cultura el vínculo entre padres e hijos
se rompe cuando mueren los padres, la familia sigue siendo la unidad atómica de la sociedad, el
eje principal, así que no existe una separación real entre dos generaciones y los vínculos “padres-
hijos” se rompen prácticamente en el cementerio. En el caso de los países angloparlantes y
muchas otras regiones del planeta, la responsabilidad moral de los padres termina cuando los
hijos cumplen mayoría de edad legal, es decir, la relación de ambas generaciones deja de ser
vertical para pasar a una horizontalidad que obviamente choca y provoca esta separación y
brecha de la que hablamos. Si es que existe algún tipo de lógica para explicar la implantación de
“dispositivos anti-jóvenes”, podríamos buscarla aquí. Pero son todo conjeturas.
-Diferentes organizaciones juveniles han empezado campañas anti-mosquito para
concienciar a la población sobre su injusticia. Aún así, en algunos países la mayoría de la
opinión pública reconoce la discriminación pero prefiere "curarse en salud" y que estos
dispositivos refuercen la seguridad de ciertos espacios. ¿Cómo cree que deberían
enfocarse las protestas, para convencer a los reticentes?

Ya veiamos en la pregunta anterior un esbozo de este problema, quizás cuando hablemos de
tecnologías de control social con sonido podamos comprender más aspectos al respecto. Creo
que las protestas deberían apelar al respecto por los derechos fundamentales de los seres
humanos sacando a la luz la problemática que genera esa infelicidad y deshumanizacion tan
preocupante, común a una gran mayoria de sociedades en todo el planeta. No se puede esconder
un problema generando otro (o barrer debajo de la alfonfra, para entendernos), así que habrá que
trabajar en el sentido de crear una legislación que regule este tipo de dispositivos reconociendo
los daños (intangibles) que generan. A partir de ahi, poner en evidencia los problemas de fondo
que generan esos síntomas (la falta de seguridad, el descontrol y falta de respeto de algunos
grupos de adolescentes, el vandalismo, etc.), y una vez localizados estos problemas, crear
programas eficaces para, con paciencia, llegar a la base de ese malestar social. Afortunadamente
en España todavía no se ha planteado el problema, y ese si que es un síntoma positivo que
genera un cierto optimismo.
-En Europa hay unos 3500 puntos dónde se ha instalado uno de éstos dispositivos. ¿Tiene
constancia de que se hayan instalado ya en España?

Aunque este dispositivo es muy tentador (consigue rendimiento político y soluciona problemas
desde la superficie, sin necesidad de profundizar en el problema de raíz), pienso que de momento
no se han instalado en España, al menos públicamente, desde las instituciones públicas. Lo que si
es cierto es que el aparato se vende en varias webs e incluso existen distribuidores para España,
cualquier persona con una tarjeta visa y aceso a internet puede hacerse con él, e incluso
fabricarlo con una inversión realmente baja. Pero estoy seguro que despertaría una reacción
social importante y la movilización de muchos colectivos cuyo objetivo es la defensa de los
derechos fundamentales de los adolescentes (y de los animales, que también son sensibles a
estos sonidos). Quiero pensar que un dispositivo así no tiene cabida en una cultura en la que no
existe esa brecha tan marcada entre adultos y adolescentes, como veíamos antes. Sea como sea,
estaremos atentos a la posible implantación.
-¿Deberían ilegalizarse?
Sin duda. Debería clasificarse como un “arma acústica” y como tal legislarse desde ahi (me refiero
a que sólo debería utilizarse en un estado de guerra).
Sonido y control social:
-Usted ha definido en sus charlas el mosquito antijóvenes como una forma de control
social mediante el sonido. ¿Qué es una arma acústica?

El término “Control Social” se asocia a un conjunto de prácticas, actitudes y valores destinados a
mantener el orden establecido en las sociedades. Una de sus formas conocidas es la utilización
de medios coactivos o violentos, pero también incluye formas no específicamente coactivas, como
los prejuicios, los valores o las creencias; todos ellos intangibles como el aire. Normas sociales,
instituciones,  leyes,  jerarquías,   medios de represión,  indoctrinación,   comportamientos
generalmente aceptados,  usos y costumbres, sanciones y una larga lista de ingredientes,
configuran este concepto multisemántico que tiene como principal objetivo el fortalecimiento y
supervivencia del grupo, en el mejor de los casos, o el dominio e interés, en el peor. Este último es
el caso, por ejemplo, de la propaganda: mensajes que buscan influir en el sistema de valores del
ciudadano y en su conducta y que habitualmente se articula a partir de un discurso persuasivo
que busca la adhesión del otro a intereses propios. A veces utiliza mensajes verdaderos, aunque
incompletos, no contrastados y partidistas, de forma que no presenten un cuadro equilibrado de la
opinión en cuestión, que es contemplada siempre en forma asimétrica, subjetiva y emocional.
Hace un tiempo leía en un blog: “[...] para conseguir un cierto control social en una democracia
formal como la nuestra, las formas explícitas de exhibición de fuerza no son lo suficientemente
persuasivas y provocarían el rechazo de la gente. Lo que verdaderamente ayuda a atemorizar al
ciudadano es esa propaganda que comentaba. La forma más eficaz de propaganda debe basarse
en la realidad - y exagerarla. Por eso abundan los informativos que insisten en reproducir una
sociedad en permanente histeria, temerosa del vecino, del inmigrante, pero sobre todo del pobre”.
Y este ha sido el método de introducción en prensa de los peligros del dispositivo “Mosquito”, una
especie de ensayo desde el poder que vierta datos interesantes sobre la opinión de lo sociedad,
pura propaganda (como los documentales de Michael Moore, para entendernos).
Definido ya el concepto de “Control Social”, que en positivo sirve a la regulación y bienestar de las
sociedades pero que en negativo sirve a intereses personales, estatales o corporativos, será
necesario hablar del tipo de tecnologías que se utilizan para lograr este fin, en este caso
tecnologías basadas en sonido. Los talleres y seminario que ofrezco como antropólogo sonoro
tratan de mostrar una panorámica actual de los diferentes usos, desarrollos e implementaciones
tecnológicas basadas en tecnología sonora cuya utilización tiene como objetivo ejercer ese control
social y poder que comento. Para comprenderlo es necesaria una aproximación conceptual al
tema e ilustrar su aplicación con experiencias y material audio-visual, analizando el impacto y
efectismo de estas tecnologías o sus usos y abusos. Todo ello discutiendo e intercambiando
experiencias que contribuyen al análisis del efecto del sonido en la existencia humana y
propiciando herramientas para un análisis crítico sobre este fenómeno. Este tema se aborda
desde varias perspectivas: económica, sociológica, histórica, artística, filosófica y política.
Profundizando algo más en ese concepto que llamo “Armas Acusticas”, decir que un arma es un
recurso que puede infligir poder: fuerza, daño, manipulación, etc., vamos a partir de esa mini-
definición para hablar de mi trabajo como antropólogo. Partamos también de que el oído es uno
de los sentidos humanos menos estudiados, ya no por falta de interés en él, sino por la condición
inmaterial del sonido y todas las dificultades que acarrea acercarse científicamente a lo intangible,
a lo puramente cultural. Ninguno de nosotros escuchamos lo mismo, aunque nos lo parezca. La
escucha es construída a lo largo de nuestra existencia y cada uno de nosotros creamos nuestros
propios filtros que discriminan lo que oímos. Parece un galimatías, pero si tenemos en cuenta
aquello que Pascal Quignard o Murray Schaffer decían acerca de la escucha: “el oído no tiene
párpados”, nos daremos cuenta de que al no existir un mecanismo fisiológico que permita
“apagar” el oído, como existe con la vista, estamos abocados irremediablemente a escuchar , y
esa imposibilidad de desconectar acústicamente nos hace crear esos filtros culturales de los que
antes hablaba; y cada uno tiene los suyos. Aquí ya tenemos una pista de cómo el poder, o quien
sea, puede ejercer control a la hora de construir culturalmente la escucha. Un ejemplo liviano: ¿a
qué suena la palabra de Dios?, ¿cuál es el sonido del Diablo?. Respecto al primero, según los
evangelios y el discurso de la Iglesia, de Dios todos podemos escuchar su palabra, no podemos
verlo, sin emgargo él si nos puede ver a todos. Ete aquí una pista importante acerca de la
hegemonía de lo visual sobre lo sonoro y de un mecanismo de control social por la palabra. La voz
de Dios es grave, ronca, segura, profunda, pausada (es un hombre, por cierto), llena de
reverberaciones. Suena como si se emitiese desde un tunel, desde un lugar de poder , grandioso
y robusto, ¿verdad? ¿Y cómo suena el diablo?, os invito a ver la primera versión del Exorcista o
Suspiria, de Dario Argento, ahi teneis la tímbrica de la voz del diablo. El anterior sería un claro
ejemplo del uso  social del sonido (como arma, en cuanto que ejerce control, poder o
manipulación), pero existen muchísimos más ejemplos de la utilización interesada de lo sonoro
para controlar el orden social y, con ello, la propia sociedad. Otros ejemplos históricos son los
escudos en las guerras medievales, que eran golpeados con fuerza con las espadas para crear un
sonido atronador e intimidante, muchas batallas se ganaban antes de la lucha cuerpo a cuerpo,
un sonido de ese calibre podía acongojar , sólo es necesario imaginarlo para darse cuenta. Otro
ejemplo histórico son las megafonías utilizadas en el nazismo, las Sirenas Eólicas de los aviones
Stukas, en la Segunda Guerra Mundial, la llamada muerte silvante que describían los japoneses
en esa guerra, los camiones bocina en nuestra Guerra Civil y un largo etcétera. Pensemos un
poco también en el poder que puede ejercer la Radio (acordémonos de Orson Welles y su “La
Guerra de los Mundos”), las músicas muzak, los hilos musicales en las salas de espera y en los
supermercados (o en los viajes de avión), las melodías de espera en las comunicaciones
telefónicas, los discursos aderezados con efectos de sonido, etc., etc. Es un mundo virgen
necesitado de investigaciones y acercamientos científicos.
-¿Con qué otras formas de control social mediante el sonido convivimos?
Ya hemos nombrado unas cuantas en la anterior pregunta, pero podemos hablar de otras como
esas conversaciones que nos graban las empresas de telefonía o acceso a internet, que
argumentando que se trata de instrumentos legales, registran nuestra voz para utilizarla si cabe
contra nosotros mismos. También los circuitos cerrados de radio y televisión (y todos los medios
de comunicación que utilizan el sonido), nos ofrecen un listado de noticias en muchas ocasiones
interesadas, herramientas utilizadas por el poder para generar un tipo muy concreto de opinión. La
música de fondo (ambiental) de los grandes centros comerciales es otro de los ejemplos evidentes
de un condicionamiento mediado por lo sonoro, de una inducción al consumo (¡compra más y más
rápido!). Las propias alarmas son dedos públicos acusatorios, o las sirenas de ambulancias y
policías, el tratamiento de las frecuencias en algunos anuncios televisivos para que la percepción
sonora de volumen sea mayor, aun respetando las exigencias de la televisión respecto al nivel de
decibelios, o las propias cabeceras de programas y sotofondos (música de fondo en los
telediarios) que condicionan nuestro estado anímico. El silencio en las iglesias o los museos, las
campanas de las catedrales (recientemente se ha presentado un estudio en Londres que analiza
cómo el repertorio clásico de obras musicales de órgano en la eucaristía católica incluye
frecuencias subsónicas que tienen la habilidad de infundir espiritualidad), y un largo etcétera del
que sólo mediante la observación crítica es posible localizar
-¿Qué futuro le augura a esta forma de control? ¿Irá in crescendo o desaparecerá?
No quisiera ser pesimista, pero hemos llegado a un momento en el que el terreno se ha allanado
lo suficiente para dar cabida a la construcción impune de esas distopías de las que hablaba hace
un momento. Irá en crescendo, sin duda.
-¿Se puede ser disidente, escapar de este control? ¿Qué podemos hacer para combatirlo?
Claro que se puede. Una de las vías, estoy seguro, es ejercitando la escucha. Lo sonoro es
procesado, en los diestros, por el hemisferio derecho, el mismo que procesa las propiedades
cualitativas de la existencia humana. La visión es procesada por el izquierdo, como el resto de los
aspectos lógicos y cuantitativos de esta existencia. Si ejercitamos la escucha estaremos
desarrollando lo cualitativo, eso intangible que tantos problemas da a la ciencia pero que son el
jugo de la vida, así que escuchando podemos ser mejor personas.

 
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